Un mundo al fondo de la nasa
En la proa de su embarcación, Roger Michaud levanta una pesada nasa llena de peces. A los 61 años es uno de los últimos pescadores comerciales del lago Saint-Pierre. Trabaja con un arte tradicional en forma de embudo que conduce a los peces sin herirlos.
Lucios, luciopercas, percas amarillas, bagres y peces luna se agitan a sus pies. La escena parece una pesca milagrosa, aunque la embarcación se encuentra a pocos cientos de metros de la orilla de un ecosistema amenazado.
El lago Saint-Pierre concentra una parte excepcional de los humedales de Quebec y está reconocido como Reserva Mundial de la Biosfera de la UNESCO. Louise Corriveau lo llama el riñón del San Lorenzo: un inmenso filtro vivo cuya salud influye en todo el río.
El pez indicador
Fotoreportaje




La agricultura intensiva, los fertilizantes, los pesticidas, el dragado, el tráfico marítimo y las represas aguas arriba ejercen presiones simultáneas. En la llanura inundable, la expansión del maíz y la soja ha sustituido parte de la vegetación que los peces necesitan en primavera.
Un plan de restauración basado en cerca de cien estudios abarca varios miles de hectáreas y más de doscientas explotaciones. Propone reducir la labranza, mantener una cubierta vegetal y adaptar las prácticas agrícolas para que convivan con la fauna del litoral.
La perca amarilla se ha convertido en la especie indicadora de la crisis. Necesita agua poco profunda, un rango preciso de temperatura y plantas o ramas sumergidas donde fijar sus huevos. Un campo arado no le ofrece ninguno de esos soportes.
Lo que saben los pescadores
Las capturas se desplomaron durante décadas. Desde 2012, las moratorias prohíben la pesca comercial y deportiva de la perca amarilla. La especie representaba antes la mitad de los ingresos de Michaud; cada pez pequeño devuelto al agua recuerda lo que se ha perdido.
El pescador se niega, sin embargo, a culpar a un solo grupo. También menciona los cormoranes, el dragado, la estela de los grandes barcos que erosiona las orillas y las represas que regulan el caudal. Salvar el lago exige observar el sistema completo.
Michaud pide, sobre todo, que el conocimiento de quienes trabajan en el agua sea escuchado junto a la experiencia científica. Décadas observando las estaciones, los lugares de desove y los ciclos de los peces forman un saber irremplazable, justo cuando desaparece el oficio que lo produjo.
La última pesca relata así dos pérdidas posibles: la de un ecosistema y la de una cultura alimentaria local. Alrededor de la nasa de Roger Michaud surge una pregunta sencilla e inmensa: ¿qué queremos todavía conocer, comer y transmitir del San Lorenzo?
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